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FAQ

Recofarma es el primer sistema colectivo de gestión integral de residuos de medicinas caducadas del Ecuador. Luego de varios meses de trabajo con el sector farmacéutico para alinear el cumplimiento de la normativa ambiental con las necesidades de la comunidad, será realidad a partir de septiembre 2025. Es importante mencionar que bajo este sistema de gestión colectivo liderado por la Corporación Ecuatoriana para la Responsabilidad Extendida del Productor -CEREP-se están integrando laboratorios farmacéuticos, cadenas de farmacias y otros actores que impactan directamente en la “Salud para el ambiente”.

El trabajo que se realiza en Recofarma se enmarca en el Acuerdo Ministerial NRO. MAATE-2023-134, Norma Técnica para la aplicación del principio de Responsabilidad Extendida en la gestión integral de medicamentos y productos farmacéuticos.

Por regulación deben cumplir con la normativa REP los importadores, fabricantes, titulares de registro, es decir los productores de medicamentos y fármacos, los gremios que representan al sector y las cadenas de distribución al por mayor y al por menor (farmacias).

Son desechos peligrosos que por su composición pueden afectar gravemente al ambiente y a la salud de las personas si no son gestionados adecuadamente.

Los medicamentos y productos farmacéuticos se consideran desechos al haber caducado. En este sentido, se consideran a todas las pastillas, jarabes, cápsulas o similares, excluyendo los dispositivos médicos, gasas, jeringas y elementos cortopunzantes.

Las pastillas o jarabes caducados deben ser depositados en los contenedores diseñados para este fin y de preferencia deben entregarse en su envase original.

Una gestión inadecuada de los fármacos caducados representa un riesgo para la biodiversidad ya que los compuestos químicos presentes en jarabes, cápsulas o pastillas que son arrojados a la basura o por el inodoro llegan a terrenos o fuentes de agua donde se acumulan alterando la flora y fauna de los ecosistemas, alterando los ecosistemas para provocar un desequilibrio en los organismos que dependen de esos recursos naturales. Algunos de los ingredientes activos presentes en medicamentos como son los antibióticos, las hormonas o los analgésicos son especialmente peligrosos y ya se los ha detectado en aguas residuales, ríos y fuentes de agua potable, afectando la calidad del agua y alterando la vida acuática. A lo anterior debemos agregar el riesgo que se genere la proliferación de microrganismos resistentes a los fármacos, exacerbando los problemas de salud pública por resistencia antimicrobiana.

Ahora, si nos enfocamos en el ámbito sanitario, es importante reconocer que tenemos una deuda pendiente relacionada con la automedicación y consumo masivo, así como prescripciones de medicamentos erradas lo que nos lleva a la necesidad de generar una conciencia pública sobre los peligros del consumo excesivo de medicamentos. La automedicación y el abuso de antibióticos son ejemplos claros de cómo el uso irresponsable de fármacos puede tener consecuencias fatales a largo plazo.

La gestión adecuada de los fármacos caducados es una obligación legal y moral con el ambiente ya que los compuestos químicos que tienen al tener contacto con la tierra o el agua los modifican y alteran la flora y fauna desequilibrando la naturaleza, lo que impacta directamente en el hombre al consumir agua o alimentos que pueden haber tenido contacto con analgésicos, hormonas y medicamentos en general.

Desechar los medicamentos, sean jarabes, pastillas o cápsulas aumenta significativamente los riesgos para la salud humana, el ambiente y la seguridad pública ya que contaminan suelos y fuentes de agua, afectan a los ecosistemas y la fauna acuática, contribuyendo a la aparición de bacterias resistentes a antibióticos, por ejemplo. Otro riesgo es que dichos productos puedan ser encontrados y consumidos de manera inadecuada por niños, mascotas o indigentes. Algunos medicamentos contienen sustancias inflamables o reactivas que podrían provocar incendios o accidentes.

Aunque muchas personas lo hacen, arrojar los medicamentos en el inodoro o desagüe no es adecuado ya que genera graves consecuencias ambientales y sanitarias ya que las plantas de tratamiento de aguas residuales no están diseñadas para eliminar todos los compuestos farmacéuticos. Como consecuencia de lo anterior, muchos principios activos llegan a ríos, lagos o acuíferos donde afectan a la fauna acuática, alteran ciclos reproductivos, provocan toxicidad en organismos y dañan ecosistemas completos. Y, en algunos casos trazas de estos fármacos pueden terminar en el agua potable que consumimos.

Las pastillas o jarabes caducados deben ser depositados en los contenedores diseñados para este fin y de preferencia deben entregarse en su envase original.

Una gestión inadecuada de los fármacos caducados representa un riesgo para la biodiversidad ya que los compuestos químicos presentes en jarabes, cápsulas o pastillas que son arrojados a la basura o por el inodoro llegan a terrenos o fuentes de agua donde se acumulan alterando la flora y fauna de los ecosistemas, alterando los ecosistemas para provocar un desequilibrio en los organismos que dependen de esos recursos naturales. Algunos de los ingredientes activos presentes en medicamentos como son los antibióticos, las hormonas o los analgésicos son especialmente peligrosos y ya se los ha detectado en aguas residuales, ríos y fuentes de agua potable, afectando la calidad del agua y alterando la vida acuática. A lo anterior debemos agregar el riesgo que se genere la proliferación de microrganismos resistentes a los fármacos, exacerbando los problemas de salud pública por resistencia antimicrobiana.

Ahora, si nos enfocamos en el ámbito sanitario, es importante reconocer que tenemos una deuda pendiente relacionada con la automedicación y consumo masivo, así como prescripciones de medicamentos erradas lo que nos lleva a la necesidad de generar una conciencia pública sobre los peligros del consumo excesivo de medicamentos. La automedicación y el abuso de antibióticos son ejemplos claros de cómo el uso irresponsable de fármacos puede tener consecuencias fatales a largo plazo.

La gestión adecuada de los fármacos caducados es una obligación legal y moral con el ambiente ya que los compuestos químicos que tienen al tener contacto con la tierra o el agua los modifican y alteran la flora y fauna desequilibrando la naturaleza, lo que impacta directamente en el hombre al consumir agua o alimentos que pueden haber tenido contacto con analgésicos, hormonas y medicamentos en general.

Desechar los medicamentos, sean jarabes, pastillas o cápsulas aumenta significativamente los riesgos para la salud humana, el ambiente y la seguridad pública ya que contaminan suelos y fuentes de agua, afectan a los ecosistemas y la fauna acuática, contribuyendo a la aparición de bacterias resistentes a antibióticos, por ejemplo. Otro riesgo es que dichos productos puedan ser encontrados y consumidos de manera inadecuada por niños, mascotas o indigentes. Algunos medicamentos contienen sustancias inflamables o reactivas que podrían provocar incendios o accidentes.

Aunque muchas personas lo hacen, arrojar los medicamentos en el inodoro o desagüe no es adecuado ya que genera graves consecuencias ambientales y sanitarias ya que las plantas de tratamiento de aguas residuales no están diseñadas para eliminar todos los compuestos farmacéuticos. Como consecuencia de lo anterior, muchos principios activos llegan a ríos, lagos o acuíferos donde afectan a la fauna acuática, alteran ciclos reproductivos, provocan toxicidad en organismos y dañan ecosistemas completos. Y, en algunos casos trazas de estos fármacos pueden terminar en el agua potable que consumimos.

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